Lenguaje y comunicación

Cambia la R por la D: qué sonidos se corrigen solos y cuáles no

«Pero si es que suena tierno.» Lo es. Y aun así conviene saber qué sonidos están todavía en plazo y cuáles ya deberían haber llegado, porque no todos se resuelven esperando.

5 min de lectura

Fonoaudióloga trabajando el lenguaje con una niña

Los sonidos llegan en orden, no todos a la vez

Aprender a pronunciar es un proceso motor: la lengua, los labios y el aire tienen que coordinarse con mucha precisión. Los sonidos más sencillos —m, p, b, t— aparecen pronto. Los que exigen más control llegan bastante después.

La r vibrante es de los últimos en consolidarse, y por eso un niño de cuatro años que dice «pero» por «perro» está dentro de lo esperable. A los seis o siete, ya no tanto.

Los grupos con l y r —«plato», «tren», «bruja»— también son tardíos, porque exigen encadenar dos sonidos difíciles sin pausa.

La diferencia que sí importa

Un niño puede sustituir un sonido siempre igual, de forma sistemática, o puede decirlo bien a veces y mal otras. El segundo caso suele indicar que el sonido ya está disponible y falta automatizarlo.

También cambia mucho si el error es aislado o si afecta a varios sonidos a la vez. Cuando son muchos, el habla se vuelve poco inteligible y ahí ya no se trata de una letra concreta: se trata de que no se le entiende.

Por qué «repite conmigo» rara vez funciona

Si el niño supiera colocar la lengua, ya lo haría. Pedirle que repita sin darle la referencia de cómo se produce el sonido solo consigue que repita el error con más esfuerzo, y que asocie hablar con ser corregido.

En sesión se trabaja al revés: primero se enseña dónde va la lengua y cómo sale el aire, en juego y sin presión, y solo después se lleva ese sonido a la palabra y a la conversación.

Qué puedes hacer desde hoy

  1. 1

    Repite bien en vez de corregir

    Si dice «tero» por «quiero», responde «ah, ¿quieres agua?». Oye la forma correcta sin sentirse evaluado.

  2. 2

    No le pidas repetir delante de otros

    Convierte el habla en una prueba pública y suele hacer que hable menos.

  3. 3

    Juega con los sonidos, no con las letras

    Adivinar con qué suena una palabra o buscar rimas entrena la base sin que parezca corrección.

  4. 4

    Ponte a su altura al hablar

    Ver tu boca le da información que solo oyéndote no recibe.

  5. 5

    Anota qué sonidos falla

    Una lista concreta ahorra tiempo en la valoración.

Escrito por el equipo de Neurolearning, centro de terapias infantiles en Bogotá. Si algo de lo que has leído te resuena, escríbenos: una consulta no compromete a nada.

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