Niños que no comen: cuándo la selectividad es sensorial
Hay una diferencia importante entre un niño que rechaza la verdura y un niño que come ocho alimentos en total y entra en crisis si uno toca a otro en el plato.
La fase normal y la que no lo es
Entre los dos y los cuatro años casi todos los niños atraviesan una etapa de rechazo a alimentos nuevos. Es esperable y suele ceder con exposición repetida y sin presión.
Lo que ya no encaja en esa fase es una lista de alimentos muy corta que además se va reduciendo, rechazo por grupos enteros de textura o color, o una reacción intensa —náusea, llanto, huida— ante la sola presencia del alimento en la mesa.
Cuando el problema es la textura, no el sabor
Muchos niños selectivos no rechazan sabores: rechazan sensaciones en la boca. Lo grumoso, lo mezclado, lo que cambia de textura al masticar. Por eso aceptan el pan y el arroz blanco y rechazan el guiso.
Ahí también entra lo visual y lo olfativo. Un niño puede rechazar un plato antes de probarlo porque el olor le resulta invasivo, y eso no se resuelve insistiendo en que lo pruebe.
Por qué obligar consolida el rechazo
Forzar convierte la comida en una situación de amenaza. El cuerpo asocia ese alimento con la tensión de la mesa, y la próxima vez el rechazo es mayor. Es el mecanismo contrario al que buscamos.
Lo que sí funciona es la exposición sin exigencia: que el alimento esté en la mesa, que se le permita tocarlo, olerlo o dejarlo. Aceptar un alimento nuevo puede requerir muchos encuentros previos sin llegar a probarlo.
Qué puedes hacer desde hoy
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1
Sirve lo nuevo junto a lo conocido
En poca cantidad y sin comentarlo. La presencia repetida hace el trabajo.
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2
Permite tocar y jugar con la comida
Explorar con las manos es un paso previo legítimo a llevárselo a la boca.
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3
Quita el premio y el castigo de la mesa
El postre como recompensa convierte la verdura en peaje.
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4
Respeta que separe los alimentos
Si necesita que no se toquen, dáselo separado. No es el problema a resolver hoy.
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5
Que os vea comer
Comer lo mismo en la misma mesa influye más que cualquier explicación.
Escrito por el equipo de Neurolearning, centro de terapias infantiles en Bogotá. Si algo de lo que has leído te resuena, escríbenos: una consulta no compromete a nada.