Emociones y conducta

Rabietas: qué hacer en el momento y qué hacer después

En mitad de una rabieta no se educa a nadie. Se acompaña. La parte educativa viene después, cuando el niño vuelve a estar disponible para escuchar — y ese orden importa más de lo que parece.

7 min de lectura

Psicóloga infantil conversando con un niño

Qué está pasando por dentro

Durante una rabieta el niño no está calculando cómo manipularte. Está desbordado: la parte del cerebro que regula las emociones todavía se está construyendo, y ante una frustración intensa deja de funcionar por un rato.

Eso explica por qué razonar no sirve en ese momento. No es que no quiera entenderte: es que el sistema que procesa razonamientos está temporalmente fuera de servicio. Insistir suele alargar la crisis.

En el momento: tu calma es la herramienta

El niño toma prestada tu regulación hasta que recupera la suya. Si tú subes el tono, el sistema de alarma de él sube también. Bajar la voz, bajar el cuerpo a su altura y decir poco funciona mejor que cualquier argumento.

Dos o tres frases cortas bastan: «estás muy enfadado», «estoy aquí», «cuando quieras te abrazo». Nombrar lo que le pasa le da un asidero. No hace falta que responda ni que lo acepte.

Sostener el límite y acompañar la emoción no son incompatibles. Se puede decir «no vamos a comprar eso» y a la vez «entiendo que te da mucha rabia». El límite no se negocia; el sentimiento no se castiga.

Después: la conversación que sí educa

Cuando ya está tranquilo —no dos minutos después, a veces al rato o esa noche— es cuando se puede hablar. Qué pasó, qué sintió, qué se puede hacer la próxima vez. Es una conversación corta, no un sermón.

Ahí es donde se aprende. Y ahí es donde conviene reconocer también los ratos en que sí logró calmarse: los niños oyen mucho más sobre lo que hacen mal que sobre lo que hacen bien.

Prevenir cansa menos que apagar

La mayoría de las rabietas tiene condiciones previas identificables: hambre, sueño, exceso de estímulos, un cambio de actividad sin aviso. Apuntar durante una semana a qué hora ocurren suele revelar un patrón muy claro.

Anticipar ayuda mucho: «en cinco minutos nos vamos del parque» evita la transición brusca que dispara la crisis. No funciona siempre, pero cambia la frecuencia.

Qué puedes hacer desde hoy

  1. 1

    Baja el volumen antes de subir tú

    Habla más bajo de lo normal. Obliga al niño a bajar para oírte y te obliga a ti a regularte primero.

  2. 2

    Ponte a su altura

    De pie eres una figura de autoridad enorme. En cuclillas eres alguien que acompaña.

  3. 3

    Ofrece, no impongas

    «¿Quieres un abrazo o prefieres estar solo un rato?» le devuelve algo de control cuando siente que no tiene ninguno.

  4. 4

    Anticipa las transiciones

    Avisar con antelación de un cambio de actividad evita buena parte de las crisis, sobre todo al salir de un sitio que le gusta.

  5. 5

    Revisa lo básico antes de interpretar

    Sueño, hambre y sobreestimulación explican más rabietas que cualquier problema de conducta.

Escrito por el equipo de Neurolearning, centro de terapias infantiles en Bogotá. Si algo de lo que has leído te resuena, escríbenos: una consulta no compromete a nada.

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