Autonomía y sensorialidad

Cómo saber si tu hijo necesita terapia ocupacional

La terapia ocupacional es probablemente la especialidad peor entendida de las cuatro. No trata «la ocupación» de nadie: trata las actividades cotidianas de un niño, que son vestirse, comer, escribir, jugar y estar en clase sin que todo cueste el doble.

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Terapeuta ocupacional trabajando motricidad fina con un niño

El indicio no es la torpeza, es el esfuerzo

Todos los niños se caen, derraman y hacen mala letra al principio. Lo que orienta no es que algo le salga mal, sino cuánto le cuesta comparado con lo que su edad haría esperar, y si ese esfuerzo lo está apartando de actividades.

Un niño que evita colorear, que se salta los juegos de patio o que pide ayuda para cosas que sus compañeros ya hacen solos no siempre es un niño «perezoso» o «consentido». A veces es un niño que ha aprendido que esas tareas le salen caras.

Lo sensorial explica muchas conductas que parecen otra cosa

Un niño que se tapa los oídos en el comedor, que no soporta las etiquetas de la ropa o que rechaza alimentos por su textura no está siendo caprichoso: está gestionando una entrada de información que le llega con más intensidad que a los demás.

Al otro extremo está el niño que busca estímulo sin parar: se mueve, choca, salta, se recuesta sobre la mesa, toca todo. También ahí hay un sistema sensorial pidiendo algo, solo que en la dirección contraria.

Entender de dónde viene la conducta cambia la respuesta. Regañar a un niño por taparse los oídos no le quita el ruido de encima.

La escritura, donde suele saltar la alarma

Muchas familias llegan por la letra. Es lógico: escribir exige a la vez fuerza, precisión, resistencia y coordinación entre lo que se ve y lo que hace la mano. Cuando algo de eso no está afianzado, la escritura lo delata antes que ninguna otra tarea.

La señal útil no es la letra fea, sino el cansancio: que se queje de que le duele la mano, que apriete el lápiz hasta romperlo, que no termine los trabajos en clase por lentitud o que evite cualquier tarea con lápiz.

Qué puedes hacer desde hoy

  1. 1

    Antes de escribir, mueve

    Diez minutos de trepar, empujar o cargar peso ayudan a organizar el cuerpo. Sentarse en frío a hacer la plana es la peor manera de empezar.

  2. 2

    Trabaja la mano jugando

    Plastilina, pinzas de ropa, arrancar papel, exprimir esponjas. Todo eso construye la fuerza que luego necesita el lápiz, sin que parezca tarea.

  3. 3

    Ajusta el puesto de trabajo

    Pies apoyados en el suelo, mesa a la altura del codo. Una silla que le deje los pies colgando le obliga a gastar en equilibrio lo que necesita para escribir.

  4. 4

    Respeta las señales sensoriales

    Si una textura o un ruido le desbordan, evitarlo no es consentir. Es quitar un obstáculo para que pueda estar disponible al resto.

  5. 5

    Divide las rutinas largas

    Vestirse solo son ocho pasos, no uno. Enseñar el último y dejarle cerrarlo da la sensación de logro que sostiene el resto.

Escrito por el equipo de Neurolearning, centro de terapias infantiles en Bogotá. Si algo de lo que has leído te resuena, escríbenos: una consulta no compromete a nada.

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