Autonomía y sensorialidad

Atarse los cordones y otras cosas que parecen fáciles y no lo son

Atarse los cordones son unos catorce movimientos coordinados, con dos manos haciendo cosas distintas a la vez, sin poder verlo todo. Que cueste no es raro. Cómo se enseña marca la diferencia.

5 min de lectura

Terapeuta ocupacional trabajando motricidad fina con un niño

Lo cotidiano es más complejo de lo que recordamos

Vestirse, abrocharse, usar cubiertos o atarse los zapatos exigen coordinar las dos manos en tareas distintas, planificar una secuencia, ajustar la fuerza y tolerar el error sin abandonar. Para un adulto es automático, y por eso nos parece sencillo.

Cuando alguna de esas piezas va justa, la tarea se atasca. Y como es una tarea que se repite todos los días delante de todos, el desgaste emocional se acumula rápido.

Enseñar empezando por el final

La estrategia que mejor funciona es contraintuitiva: haces tú toda la secuencia menos el último paso, y ese lo hace él. Cuando lo domina, le dejas los dos últimos. Y así hacia atrás.

La razón es que el niño siempre termina la tarea. Cada intento acaba en éxito, no en abandono a mitad, y esa sensación de logro es lo que sostiene la motivación para el siguiente paso.

El momento importa tanto como el método

Enseñar a atarse los cordones con prisa, en la puerta, camino del colegio, está condenado. La tarea nueva se practica cuando hay tiempo y nadie está nervioso: un sábado por la mañana, sentados, sin reloj.

Y conviene separar practicar de resolver. Los días de prisa, se los atas tú sin comentarios. No es ceder: es no gastar la relación en el peor momento posible.

Qué puedes hacer desde hoy

  1. 1

    Enseña el último paso primero

    Que siempre sea él quien cierra la tarea. El éxito sostiene el intento siguiente.

  2. 2

    Practica sentados y sin prisa

    Fuera del momento real, con el zapato en las rodillas y a la vista.

  3. 3

    Colócate detrás, no enfrente

    Desde delante ve tus movimientos en espejo, que es mucho más difícil de copiar.

  4. 4

    Prepara la mano antes

    Plastilina, pinzas, exprimir esponjas. La fuerza de dedos se construye jugando.

  5. 5

    Los días de prisa, hazlo tú

    Sin comentarios ni reproches. Practicar y resolver son momentos distintos.

Escrito por el equipo de Neurolearning, centro de terapias infantiles en Bogotá. Si algo de lo que has leído te resuena, escríbenos: una consulta no compromete a nada.

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