Familia y proceso terapéutico

Cómo explicar la terapia a los hermanos y al resto de la familia

Cuando un niño empieza terapia, la familia entera se reorganiza a su alrededor. Los hermanos lo notan, los abuelos opinan, y las dos cosas se manejan mejor si se anticipan.

5 min de lectura

Madre leyendo un cuento con su hijo en casa

A los hermanos: la verdad, sin convertirlo en tema

Los hermanos se dan cuenta de todo: de las salidas semanales, de la atención extra, de las conversaciones en voz baja. Lo que no se explica, se lo explican ellos solos, y suele salir peor.

Una frase sencilla basta: «va a un sitio donde le ayudan con las cosas que le cuestan, como tú vas a natación». Sin dramatizar y sin secretismo.

Vigila dos cosas frecuentes: que el hermano se sienta desplazado por la atención que recibe el otro, y que asuma un rol de cuidador que no le corresponde. Un rato a solas con él cada semana, aunque sea corto, previene bastante.

A los abuelos y al entorno: solo lo necesario

No todo el mundo necesita saberlo, y menos con detalle. La información clínica de tu hijo es suya, y compartirla de más puede acompañarlo durante años en forma de etiqueta familiar.

A quien sí conviene informar —los que lo cuidan de forma habitual— dale lo que necesita para ayudar: qué le cuesta y qué funciona. No hace falta el reporte completo.

Los comentarios que no ayudan

«Eso es falta de carácter», «a mí no me hizo falta nada de eso», «lo que necesita es mano dura». Llegan casi siempre desde el cariño y desde otra época, y desgastan.

No hace falta convencer a nadie. Una respuesta corta y firme —«lo estamos manejando con profesionales y nos está sirviendo»— cierra la conversación sin abrir un debate que no lleva a ningún sitio.

Lo que sí conviene es que quien cuida al niño no contradiga el plan delante de él. Un adulto que dice «eso son tonterías» deshace parte del trabajo.

Qué puedes hacer desde hoy

  1. 1

    Explica a los hermanos antes de que pregunten

    Lo que no se cuenta se imagina, y suele imaginarse peor.

  2. 2

    Reserva tiempo a solas con cada hijo

    Corto pero fijo. Previene la sensación de haber quedado en segundo plano.

  3. 3

    Comparte solo con quien cuida

    Y solo lo útil: qué le cuesta y qué funciona.

  4. 4

    Ten preparada una respuesta corta

    Para los comentarios de siempre. Evita discusiones que no van a ningún lado.

  5. 5

    Pide coherencia, no adhesión

    No hace falta que los abuelos estén de acuerdo. Basta con que no lo contradigan delante del niño.

Escrito por el equipo de Neurolearning, centro de terapias infantiles en Bogotá. Si algo de lo que has leído te resuena, escríbenos: una consulta no compromete a nada.

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