Emociones y conducta

Ansiedad infantil: señales que se confunden con otra cosa

Un niño ansioso rara vez dice que está ansioso. Dice que le duele la barriga, se enfada por algo pequeño, no quiere ir a un cumpleaños o borra la misma línea cinco veces.

6 min de lectura

Psicóloga infantil conversando con un niño

Por qué se disfraza

Los adultos identificamos la ansiedad porque tenemos la palabra y la experiencia. Un niño de siete años tiene una sensación desagradable en el cuerpo y ninguna etiqueta para ella. Lo que hace es actuarla.

Por eso aparece como enfado —que es la emoción más fácil de expresar— o como síntoma físico. El dolor de barriga o de cabeza de la ansiedad infantil es real, no inventado: el cuerpo responde de verdad.

Las formas menos evidentes

El perfeccionismo es una de las más silenciosas, y suele confundirse con responsabilidad. Un niño que borra hasta romper el papel, que rompe el dibujo si no quedó bien o que se niega a intentar algo nuevo por si le sale mal no está siendo aplicado: está evitando el error a un coste alto.

La necesidad constante de reafirmación es otra: preguntar muchas veces si está bien hecho, si irás a recogerlo, si va a pasar algo. Cada respuesta calma un rato y la pregunta vuelve.

Y está la evitación, que se lee como timidez o desinterés. No querer ir a un cumpleaños, no pedir en el mostrador, no levantar la mano aunque sepa la respuesta.

El error más común de los adultos

Ante un niño ansioso, el instinto es tranquilizarlo: «no pasa nada», «no tengas miedo». Es comprensible y funciona un minuto, pero a la larga le enseña que su sensación es exagerada y que no debería tenerla.

Funciona mejor validar y luego acompañar: «entiendo que te da miedo, es difícil; vamos a ver cómo lo hacemos». Se reconoce lo que siente y no se le deja solo con ello, sin negarlo.

El otro error es organizar la vida familiar alrededor de la evitación. Cada vez que se esquiva lo que da miedo, el miedo crece. La salida es acercarse por pasos pequeños, no de golpe ni nunca.

Qué puedes hacer desde hoy

  1. 1

    Pon nombre a lo que le pasa

    «Eso que sientes en la barriga se llama nervios y se pasa» le da una herramienta que antes no tenía.

  2. 2

    Valida antes de resolver

    Reconocer el miedo no lo agranda. Negarlo sí lo deja solo con él.

  3. 3

    Acércate por pasos

    Si le da miedo pedir en un mostrador, primero pide tú mientras él mira, luego pide él contigo al lado.

  4. 4

    Enséñale a respirar cuando está tranquilo

    Una técnica aprendida en calma sirve en la crisis. Aprendida en plena crisis, no.

  5. 5

    Cuida tu propia respuesta

    Los niños calibran el peligro mirando la cara de sus padres. Si tú te alarmas, confirmas que había motivo.

Escrito por el equipo de Neurolearning, centro de terapias infantiles en Bogotá. Si algo de lo que has leído te resuena, escríbenos: una consulta no compromete a nada.

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